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VERDUGOS DEL ANÁHUAC

YEHUANTIN TLATSAKUILTIANIME IKUAN ANAHUAC

Anáhuacmiquiztepicanoah

 

4to pemulo

 

Casa de seguridad de las Fzas armadas nahuatlacas en Nuevo Monterrey

 

El Verdugo y su comitiva avanzaron al del interior de la casa hasta llegar a la oficina principal, revisando el interior en busca de algún interruptor discretamente escondido en el mobiliario.

En la oficina, le llevo a los soldados casi 30 minutos dar con el interruptor, era una escultura de un jinete cherokee de bisonte, los jinetes de bisonte eran uno de los iconos militares de la Federación Anáhuac, por ser una de las columnas que participaron en la Segunda Guerra Anáhuac-Angloamericana a inicios del siglo XX, junto con los regimientos de blindados de clase sa-li-gu-gi (tortuga) que en Europa fueron conocidos como “tanques”, los jinetes de bisonte atacaron sorpresivamente todo el sur de Angloamerica, mientras el enemigo se encontraba distraído en Europa en ayuda del Tercer Imperio Francés.

En pocas semanas los ejércitos terrestres del Anáhuac recuperaron una extensa porción de los territorios ancestrales de los cuales fueron expulsadas algunas de las tribus fundacionales del “Consejo de los Pueblos”, una especie de gobierno parlamentario de la actual Federación. El ejército convocado por los primeros líderes de ese consejo multiétnico venció a las fuerzas coloniales americanas de España en la batalla de Managua de 1814, liberando con esa victoria las tierras del Anáhuac del dominio de la gente pálida y, en el proceso, fundando un nuevo país indígena que sería conocido por el resto del mundo como Federación Anáhuac.

El proyecto de la federación Anáhuac fue un proyecto unificador basado en los distintos pueblos nativo-americanos, se expandió desde la región montañosa de Ma-tuh-ZEL donde se ocultaba la ciudad capital de Huey Tenango, al norte de la de la Nueva España y baluarte del pueblo Nikal, sumando a los distintos pueblos del interior contra la tiranía de las fuerzas virreinales.

Cuando los ejércitos nativos se encontraron con las tropas insurgentes criollas, los dirigentes de aquel movimiento subversivo intentaron seguir la misma estrategia del conquistador español Hernán: manipular a los indígenas para su propio proyecto libertario, pero rápidamente los caudillos tlacochcalcatl tomaron el control total del movimiento independentista, convirtiendo a muchos insurgentes criollos en el primer muro de cráneos conocidos en la antigüedad como “Tzompantlis”. Las fuerzas nativas se expandieron por todo el centro y sur de la nueva España, y desde ahí, cruzaron la frontera con la Capitanía de Guatemala para completar el proyecto unificador indígena con la liberación de toda la región maya.

En el año de 1820, luego de la independencia oficial de la Federación Anáhuac, la incipiente armada nahuatlaca, eligió un nuevo enemigo contra el cual combatir en lugar de atacar directamente la Cuba española, que pronto sería invadida por la Inglaterra colonial.

Años antes, España que en aquel momento estaba en guerra declarada contra Inglaterra, le había vendido los territorios de Florida a la recién formada nación angloamericana, sin embargo los españoles no se tomaron la molestia de indagar en la opinión de los pueblos nativo americanos y prófugos afroamericanos de las plantaciones de algodón, quienes residían al interior de la Florida.

A finales del año 1820 la recién formada armada maya desembarco en las costas de Florida en ayuda de sus parientes nativos con la idea de incorporar la región al proyecto de su Federación. La guerra de Florida fue el primer fracaso militar del Anáhuac, la incipiente armada no podía trasladar la cantidad necesaria de soldados para revertir los números en favor de los batallones de zuavos angloamericanos.

Los años de aquella guerra fue una serie de derrotas, pero aun así las tropas nahuatlacas pelearon codo a codo con sus parientes defendiendo la idea de una América nativa libre. Después de que se corrió la noticia del desembarco de fuerzas nativo-americanas, en cuestión de semanas, los angloamericanos desplegaron todo su poder militar en la región, temerosos de perder el control de la zona y una tras otra, todas las comunidades seminolas fueron sistemáticamente erradicadas o expulsadas. La armada que inicialmente había emprendido una campaña bélica pronto se convirtió en una flota de ayuda humanitaria, los barcos cargaron a la mayor cantidad posible de mujeres y niños mientras el grueso de las fuerzas combinadas nativas peleó una guerra defensiva por resistir una semana adicional que diera tiempo para que los barcos pudieran hacer un segundo o tercer viaje de refugiados hasta la “Tejas” nahuatlaca.

Luego de ese primer descalabro contra la América Angloamericana, el enemigo promovería la secesión de Tejas, donde la guardia fronteriza castigó ejemplarmente a los sublevados blancos, pero a la larga se convertiría en la segunda victoria del enemigo, y una vez más la derrota vendría para el Anáhuac, cuando la Unión Angloamericana apoyaría la independencia de las californias que se encontraban pobladas, en aquel entonces, mayoritariamente por colonos blancos con profundo resentimiento contra el gobierno federal, que les privó de todos sus privilegios y expropió una considerable parte de sus riquezas para redistribuirla al pueblo históricamente espoliado.

“-Pero al final Huitzilopotztli se aseguró de hacerles pagar su suerte a los malditos blancos.” -murmuró Cuachiq.

Recordó las lecciones de historia que recibió en el Calmécac sobre cómo nació la República de California, obligando a muchas comunidades de nativos a abandonar sus territorios ancestrales para convertirse en refugiados en una Federación, que de la noche a la mañana había perdido buena parte de su territorio, y la ironía de que esa república muriera dos meses atrás, traicionada por su histórico aliado.

El comandante Cuachiq accionó el interruptor en forma de jinete de bisonte, entonces se desplegó una terminal en una de las paredes de la habitación. El Cuachiq respiró profundamente, recapitulando por última vez el primer informe de misión que entregaría al “Yaotlakanenkih” luego de 15 años desaparecido. Su organización tenía control parcial del proyecto tecnológico que habían filtrado al enemigo blanco, el cual usaron como anzuelo para atraer la invasión de la Unión Angloamericana y el desprecio absoluto de todos los países americanos en contra de ésta.

Pero los recursos de su facción terrorista no eran suficientes para asaltar directamente el complejo industrial militar y hacerse con el control total de dicho desarrollo tecnológico protegido por las propias fuerzas armadas californianas y con la actual situación geopolítica ni la federación Anáhuac ni toda la alianza de naciones nativas habrían estado capacitados de enviar sus propios operativos o invadir la República de California para hacerse con esa tecnología experimental sin desatar la nueva guerra mundial.

Enviar agentes encubiertos a California distaba mucho de remitirlos a las regiones selváticas de Brasil, donde la misma población indígena ayudaba a los infiltrados a combatir contra el eterno enemigo, heredero del colonialismo portugués.

La Commonwealth inmediatamente declararían la guerra y responderían para “ayudar a un país miembro”, convirtiendo la situación de California en el detonante de una nueva guerra mundial, en cambio, estos verdugos y su ejército privado hicieron del mayor descubrimiento científico de la humanidad y máxima esperanza de California, en su propia destrucción y usarían su propia tecnología, y a dicha república, como sacrificio al antiguo dios de la guerra azteca, al tiempo que convertían a Anglo América en el máximo villano ante la opinión pública del mundo.

En el instante en que la terminal de comunicación se inició, El Verdugo, manteniendo su rostro oculto bajo su casco de combate, introdujo un dispositivo de almacenamiento de información, y al instante que los datos eran transmitidos a miles de kilómetros al cuartel general de “Yaotlakanenkih”, comenzó a grabar su informe de misión sobre aquella tecnología experimental…

 

700 hrs. Yankuik Tlanesi (antigua ciudad de México), capital federal de la Federación Anáhuac. Complejo militar “Cuahuhcalli ipan ce”

Un alto jefe de las fuerzas armadas nacionales corría al interior de los pasillos del complejo militar número uno de la capital federal de Yankuik Tlanesi. Ver a un general correr como si se tratara solamente de un novato macegual (apodo con que la tropa veterana se refería despectivamente a los aspirantes. que hacían trabajos de esclavos, mientras esperaban su registro de incorporación en el instituto armado) tomó por sorpresa a los centinelas encargados de controlar el acceso en las garitas del complejo militar.

Cada garita estaba custodiada por un pelotón de soldados de rango Cuaucelotl con trajes de combate amarillos y exoarmaduras tácticas rojas que les daban una apariencia animalesca que recordaba a los míticos guerreros jaguar del desaparecido impero mexica. Pero a diferencia de los antiguos guerreros, estos militares tenían uniformes creados con telas sintéticas que podían endurecerse si recibían repentinamente una gran fuerza cinética, y armaduras de cerámicas de blindaje clase 13 para protegerlos de un eventual ataque. Poseían adicionalmente exoesqueletos tácticos con soportes laterales, que les permitía embrazar a una mano armamento pesado como si de un fusil ligero se tratara. Los antiguos tocados de plumas fueron sustituidos por una sencilla insignia estampada a la altura del pecho, para indicar el rango y agrupación de los combatientes, y, para rematar, el diseño de sus uniformes tenía una faja con un apéndice de tela le colgaba en medio de las piernas, que además de ser sugerente para exhibir virilidad, recordaba a los tradicionales maxtli que sobresalía en un rojo intenso, nombrados de forma vulgar taparrabo por los antiguos opresores, durante la época de la ocupación.

La diferencia entre los antiguos guerreros que fueron derrotados por los europeos y los nuevos soldados de la Federación, era que las fuerzas armadas nahuatlacas tuvieron el tiempo necesario para evolucionar y responder a las exigencias de su época en la forma de hacer la guerra.

La doctrina militar de los sobrevivientes mexicas que más tarde emigraron al norte, cambió con el paso de los años, los tocados vistosos y los trajes de colores llamativos fueron eliminados desde la guerra chichimeca en el siglo XVI, luego de la derrota del ejército de rebeldes indígenas durante la Guerra del Mixtón, el nuevo pueblo que surgió de la fusión de muchos de los refugiados que huyeron de las hordas de bárbaros blancos se unificó en una nueva nación multicultural, que se llamaría  Nikal Tinemi (Aquí estamos y seguimos), inventó nuevas órdenes militares que sustituyeron a sus equivalentes, incorporó el armamento europeo y los jinetes de caballos a sus órdenes guerreras.

En las comunidades indígenas dominadas por la Nueva España se extendieron los nahualli, que dieron paso a los mitos de los “nahuales”, hombres con la habilidad de convertirse en animales, que actuaron como unidades de guerrilla atacando posiciones virreinales.

En el combate frontal, aparecieron los mikitlatsontekilok (sentenciados a muerte), que fueron una orden guerrera sacerdotal cuyo patrono era el dios de la muerte Mictlantecuhtli y se autonombraron como “muertos vivientes”. Atacaban guarniciones al cobijo de la noche y se cubrían enteramente de negro todo el cuerpo, se maquillaban el rostro con forma de cráneos descarnados, convirtiéndolos así en una especie de seres míticos que sembraba terror en las fuerzas virreinales.

Al concluir la independencia del Anáhuac, la institución de «Huey Yaoyocalli», o «Gran Casa de Guerra», eligió rescatar del olvido a la antigua nomenclatura de rangos de los extintos mexicas, para nombrar una de las nuevas facciones militares. La cadena de mando de la facción “Yaotlakanenkih” o guerreros caminantes que equivalían a los ejércitos de infantería en el resto del mundo, mantendría la mayoría de los antiguos rangos mexicas pero la doctrina, ritos, insignias y vestuario militar sería reinventada.

Se institucionalizaron versiones modernas de los antiguos guerreros jaguar, fuera de las ciudades sería imposible ver a un soldado portando uniformes amarillos, pero por cuestión de legitimar una historia institucionalizada, la “Yaotlakanenkih” no dudó en reutilizar a los antiguos íconos culturales para legitimar una ancestral tradición guerrera.

El general Tlacatecatl llegó al último punto de control. Ahí, a diferencia de los accesos anteriores, fue recibido por una oficial femenina uniformada con traje táctico tzitzimitl en color blanco con amenazantes franjas rojas, empleados en la antigüedad por guerreros de alto rango al mando de numerosas tropas, En la federación era el uniforme de cuartel empleado por los oficiales de guardia de las tropas Yaotlakanenkih. Una versión de este uniforme sin las franjas rojas eran usados tácticamente en combates de alta montaña y terrenos nevados, sustituyendo únicamente el casco distintivo del dios Mictlantecuhtli por el de un “jaguar blanco de las montañas”, los cuales fueron incubados a mediados del siglo XXI, dentro del programa de “repoblamiento de flora y fauna del Anáhuac”, utilizando la manipulación genética.

La oficial de guardia, al igual que cualquier otro soldado, se sorprendió al ver a un Tlacatécatl corriendo y aunque no podía cuestionar las acciones de un superior, no pudo evitar recorrerlo discretamente con la mirada.

El tlacatecatl era un hombre con una edad aparente de 45 años, aunque si esa era su edad real o era alguien mucho mayor era imposible de determinar a causa del milagro del tratamiento antienvejecimiento desarrollado al finalizar el siglo 21, este tratamiento fue desarrollado después de padecer la humanidad una de las más letales pandemias en los últimos 700 años. El rostro del hombre era lampiño con un corte de cabello tipo mohicano y una coleta que le llegaba a la nuca, de sus orejas  pendían dos aretes pequeños con pedrería de jade y plumas, y su uniforme era de dos piezas de un color café terroso, el uniforme tenía a los lados pequeñas guedejas de pelaje de búfalo cosido, tanto en el pantalón como la camisola, un cordón de mando se extendía desde su hombro izquierdo hasta el pecho del lado del corazón donde quedaba sujeto por una argolla.

En esa misma área del pecho, el oficial de guardia reconoció un ideograma con la forma de una figura humana con traje de zorro escondido en unos arbustos, la camisola tenía más ideogramas de menor tamaño, pero la oficial no tuvo tiempo de poner atención. Dicho ideograma similar a un nahual, era la indicación de que aquel general pertenecía a las unidades de inteligencia.

El Tlacatécatl, como había hecho en cada uno de los puestos de control anteriores, ingresó rápidamente su identificación en la terminal, al instante las puertas del acceso se abrieron, no se esperó a recibir el saludo de respeto por parte del oficial de guardia, ni siquiera volteo para mirarla, simplemente continuó hacia su destino a la máxima velocidad que podía correr.

Algunos minutos después el Huey Tlacatecatl, comandante en jefe del Complejo Militar Número Uno, fue interrumpido en su oficina cuando se disponía a salir para formar parte del primer pase de revista del día. No emitió ningún comentario cuando vio a un general correr hacia él, se limitó a esperar que hiciera el saludo militar cerrando el puño derecho y colocándolo de forma vigorosa a la altura del pecho sobre el corazón, después tomó la tableta holográfica que recibió del general del departamento de inteligencia.

De inmediato indicó al tlacatecatl que le redactara a viva voz un resumen de la situación, al mismo tiempo que revisaba los archivos de la terminal holográfica y cuando, el subordinado terminó su informe oral, inmediatamente llamó a su secretario asistente para indicarle que avisara al oficial de guardia, quien se encargaría de la administración del Complejo Militar hasta nuevo aviso.

Veinte minutos después, los dos generales se encontraban en una videoconferencia presentando un informe al Cihuacoatl de las Fuerzas Armadas, la máxima dirigente de las seis facciones de las fuerzas armadas nacionales, sólo superada en mando por el Huey Tlateomaniliztli o Gran orador, título que equivalía al puesto de primer ministro en la federación Anáhuac.

El informe que el departamento de inteligencia recibió esa mañana resolvía la incógnita sobre los motivos de la Unión Angloamericana, en la que comprometía su reputación con el mundo al invadir la República de California. Naturalmente, con el paso de los meses, la situación política se estabilizaría y los angloamericanos argumentarían una excusa que satisficiera las exigencias del resto de naciones de la Commonwealth, y la mayoría de los países hispanistas americanos.

El departamento de inteligencia desconocía la identidad de los verdugos, pero estaba medianamente informada sobre las acciones de su ejército privado en los años pasados. El Huey Tlacatécatl había ingresado la información de la que disponía el computador de Inteligencia artificial militar, esta última calculó un 86% de probabilidad que el informe recibido esa mañana fuera auténtico. A partir de esos datos,  la situación se volvía peligrosa para el Anáhuac, la IA militar pronosticó que, de ser auténtico el informe de la tecnología experimental de la cual no se especificaba detalles, había 96% de probabilidades de aquel desarrollo californiano comprometería peligrosamente el futuro del Anáhuac.

Cuando la Cihuacóatl escucho los resultados del análisis de la IA tomó la decisión de que el Anáhuac intervendría en California.

El departamento de inteligencia de la facción Yaotlakanenkih contaba con dos tipos de agentes para misiones en el extranjero. Los “quimichin” que hacían labores de espionaje y de los cuales tenían agentes en la mayoría de países, incluida la california ocupada y los nahualli, unidades especializadas en guerra irregular e infiltración. Los quimichin eran en la práctica únicamente unidades de reconocimiento, los espías tenían pocas habilidades reales para ejecutar acciones de alto impacto que no fuera filtrar información que comprometiera políticamente a gobiernos adversarios, pero en aquel momento California estaba invadida, los californianos se encontraban rehenes de los ejércitos angloamericanos por lo que de nada servía denostar a un gobierno derrotado con su pueblo sometido ante un ejército invasor, los nahualli en cambio contaban con el mejor adiestramiento de combate del Anáhuac, su equipo de infiltración los hacia indetectables pero estaban organizados en unidades pequeñas de dos combatientes que requerían asistencia logística, actuaban en coordinación con unidades regulares de la federación o fuerzas locales. Por último adicional a las dos unidades anteriores, la federación Anáhuac contaba un último “Az” bajo la manga. Otra orden guerrera especializada, nunca reconocida públicamente pero cuya existencia era un secreto a puerta cerrada.

Al momento de aquella video-llamada no había ninguna unidad de Verdugos dentro del país, todas se encontraban desplegadas en algún lugar convulso en el extranjero efectuando misiones clandestinas, si el mando supremo se decidía a ocupar alguna agrupación de estas unidades tendría que evacuarlas primero de su lugar de operaciones.

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