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VERDUGOS DEL ANÁHUAC

YEHUANTIN TLATSAKUILTIANIME IKUAN ANAHUAC

Anáhuacmiquiztepicanoah

 

8vo pemulo

 

Hora y ubicación indeterminada. En el interior de la Republica de California ocupada por las fuerzas angloamericanas.

 

Cuando James Polk fue reclutado por el ejército continental. Jamás entendió, como su labor de historiador, podría ser de ayuda para la unión angloamericana.

El reclutamiento de hombres sin experiencia en el manejo de las armas fue una realidad en las guerras del pasado, pero a  inicios del siglo XXIII. Los ejércitos terrestres, marciano y de las colonias espaciales estaban completamente automatizados, el poco personal humano eran soldados de carrera, o en el caso de la unión angloamericana, ciborgs especializados en el comando de pelotones robóticos automatizados. El apoyo logístico tanto a nivel estratégico en los teatros de maniobras, como táctico, en los teatros de combate era efectuado por inteligencias artificiales. Por lo que un historiador u otro académico de cualquier rama de conocimiento, que no estuviera íntimamente ligada a la tecnología armamentista, estarían fuera de lugar en el medio castrense.

Aun así James K. Polk y una docena de académicos especializados en la historia continental americana fueron reclutados días antes de que sorpresivamente “La Unión” invadiera California.

Hasta el día de hoy, su labor como “asesor externo” carecía de significado. Polk simplemente pasaba los días aburrido en las bases de operaciones, haciendo compañía a otros tantos “especialistas y contratistas externos”, que al igual que él, solo calentaban un colchón en las barracas, viendo en primera persona, la invasión de la Republica de California.

Los batallones de robots autómatas diariamente tomaban por asalto los distintos complejos tecnológicos e industriales; En busca de alguna nueva clase de arma de destrucción masiva desarrollada secretamente por la Republica de California; o al menos ese era el rumor entre la tropa de ciborgs.

El día de hoy sin embargo fue peculiar. Al medio día Polk fue requerido para integrarse a un pelotón de ciborgs de asalto. El departamento de Intel había recolectado rumores entre californianos simpatizantes con la causa angloamericana y para investigar dichos rumores, Polk junto a un nuevo grupo de compañeros participarían esa misma noche infiltrándose en un complejo tecnológico localizado en la zona libre de California. La noticia cayó como un balde de agua helada para Polk quien al ser un académico no tenía un solo ápice de adiestramiento militar, hasta el momento tampoco entendía para que diantres necesitaba el ejército continental a un experto en historia como agregados entre el personal operativo; La zona en que se infiltrarían era una fortaleza militar protegida por la elite del ejército californiano. El día de la invasión, cuando fue evidente que era imposible contener a los angloamericanos, la estrategia californiana fue ceder las áreas más desprotegidas colindantes con la Unión angloamericana y replegar a sus fuerzas armadas al sur en donde proteger sus centros logísticos e industriales de mayor poder. Durante siglos California se había preparado para enfrentar una hipotética invasión por parte de la federación Anáhuac, creyendo estar protegidos en su frontera norte, y bajo esa premisa sus mayores áreas industriales y tecnológicas estaban en el norte y sus fortalezas militares en el sur. Se creó una frontera difusa que dividió California entre la ocupada por los angloamericanos y la “libre” controlada por las fzas armadas nacionales. Cada día los límites de esa frontera se redibujaban, aumentando la zona de influencia angloamericana, pero luego del asalto inicial el avance de los angloamericanos era muy lento. Las divisiones que sobrevivieron a la toma de Monterrey combatían con gran arrojo, dando cara sus vidas por cada metro cuadrado de terreno que avanzaban los ciborgs angloamericanos.

 

 

2400 Hrs. Área de Hangares del escuadrón suborbital de reacción inmediata, Complejo militar de Tohono O’odha, frontera norte de la Federación Anáhuac.

 

La noche tendía su cobija sobre la región autónoma de Sonota. En un hangar militar, las figuras estoicas de soldados de la federación Anáhuac aguardaban a que el Tlacochcalcatl de la base aérea diera autorización para partir en una misión clandestina.

En las pistas de aterrizaje había una docena de cargueros aeroespaciales tipo b’ax’böts’ë, que en idioma ñañu significaban “canastos gigantes”. Dichos transportes diariamente partían a primera hora de la madrugada enviando los pertrechos y suministros necesarios para que el ejército californiano resistiera el embate adversario. Pero a diferencia de las noches anteriores, entre las filas de soldados que conformaban el dispositivo de seguridad, discretamente había tres pequeños grupos de comandos sin insignias, cada grupo acompañado por un piloto de combate.

Yatziri llevaba 3 horas formada junto a uno de esos tres pelotones. Aunque aquellos hombres carecían de distintivos y ocultaban su identidad bajo gruesos cascos de combate, era evidente para todos los oficiales cuaucelotl y rangos menores que se trataba de fuerzas especiales.

Pasaron 30 minutos adicionales de espera. El silencio en el hangar era asfixiante para los soldados regulares. La mayoría soldados inexpertos que no habían recibido aun su bautismo de fuego. Por la premura de la operación, el mando no tuvo tiempo de indagar en los historiales de toda la tropa regular y solo se limitó a asegurarse que los comandantes de dicho dispositivo fueran soldados experimentados capaces de instruir a sus soldados en las tareas que les correspondían.

La jerarquía militar del “Yaotlakanenkih” tenía como unidad fundamental al soldado raso “Tlamani”, a este su superior inmediato era el comandante “Cuextecatl” líder de pelotón, seguido por el “Cuextecatl Papalotl” líder de sección.  Por ultimo estaba el rango “Cuaucelotl” comandante de compañía.

Aunque el dispositivo se componía solamente de una compañía, por la seriedad de la operación el mando asignó a oficiales cuaucelotl el mando de cada una de las tres secciones de dicha compañía. Todos los soldados estaban equipados con sus distintivos uniformes amarillos y equipamiento en tonos rojos y anaranjados, la única salvedad eran los rifles de riel de color negro y los propios uniformes de la sección de verdugos de tonos oscuros junto a sus pilotos de la fza aérea en uniformes de tono gris claro.

A su vez Yatziri y el resto de elementos de la fuerza aérea ostentaban el rango de pënt’sü, también conocidos como halcones en lengua ñañu.

Tras la independencia de la federación Anáhuac. El consejo de los pueblos decidió dar a cada una de las futuras facciones armadas la libertad para organizarse de acuerdo a alguna de las distintas culturas de su bagaje multiétnico. La facción de soldados caminantes dirigidos por el pueblo Nikal Tinemi, herederos de la cultura mexica y chichimecas, reintrodujo los extintos rangos y simbolismo del desaparecido pueblo aztecatl, la armada que protegería las costas del océano atlántico fue dirigida por los pueblos mayas, la armada de la costa del pacífico empleo los simbolismos de la cultura mixteca. Los regimientos de caballería fueron organizados en base a la cultura Apache y la artillería móvil la organizó el pueblo cherokee. Con la llegada del siglo XX, el nacimiento de la incipiente fuerza aérea nahuatlaca fue organizada en base a la cultura ñañu u otomí y por ultimo a inicios del siglo xxi la fuerza armada aeroespacial fue organizada en base a la cultura zapoteca.

Salvo el líder verdugo, nadie en el complejo militar conocía los detalles de la misión. Toda la información estaba compartimentada, y los comandantes del dispositivo de seguridad conocerían y transferirían las órdenes al tiempo que las inteligencias artificiales liberaran la información.

Finalmente el Tlacochcalcatl se apareció en el lugar, dio unos cuantos pasos recorriendo con la mirada al centenar de soldados formados, todos inmóviles cual estatuas, todos ansiosos por marchar al campo de batalla. Todos excepto la sección de verdugos que transpiraban tranquilidad cual si fueran unos monjes tibetanos.

No hubo exhortos por parte del tlacochcalcatl, no hubo discursos, él sabía que lo que sea que  tuvieran que hacer en las horas próximas los soldados regulares seria solo para encubrir las acciones de los verdugos del Anáhuac y sus acompañantes.

Dieron la 100hrs de la madrugada del 17 de noviembre del año 2208. Fecha que sería significativa para el futuro de toda la humanidad cuando doce cargueros despegaron ocultos en la negrura del cielo nocturno. En sus compartimentos de carga llevaban esperanza  para un pueblo que peleaba por resistir la caída de su civilización en los albores del siglo xxiii, en la forma de armas y pertrechos para sus guerreros. Excepto tres de esas naves que escondidos en sus bahías de carga transportaban un virus programado desde la edad de 8 años para exterminar a todos los enemigos del Anáhuac.

La Republica de California nunca fue enemiga de la Federación Anáhuac. En sus orígenes solo fueron el conjunto de comunidades de familias honradas que peleó por su independencia en una época oscura de la Federación en la que ser del color incorrecto de piel era excusa suficiente para ser despojado de sus bienes y ser forzado a vivir en la semi-esclavitud.  Pero las consecuencias de su rebelión y su posterior independencia generaron mucho sufrimiento e injusticias contra habitantes nativos en los territorios que se perdieron, y no había nada más sagrado en el dogma de para la federación que aniquilar a los enemigos que atentaran contra el bienestar de su gente. Por lo cual la Federación y sus soldados siempre vieron en California a un enemigo que aniquilar cuando fuera el momento.

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